Archive for the ‘Libros’ Category

Corazón de piedra

Hace tiempo, en un autobús de Zaragoza, leí este relato, escrito por Victor Lapuerta Mercadal, que estudia 1º de bachiller, pero no me dio tiempo a hacerle una captura, pero gracias a Jorge, aquí os la traigo.
Dice así:
Quizá sea lo mas hermoso que hayáis podido ver. Llena de curvas. Equiparable a la belleza de una ninfa. Mi corazón parece deshacerse con tan solo mirarla.
Sin embargo, pobre de mí, este amor tan puro no es correspondido. A ella le gusta ir de un lado a otro, moviéndose con ligereza. Yo, sin embargo, tengo que conformarme con vivir a su lado, sentir una caricia y ver cómo, una vez más, vuelve a alejarse.

¿Puede una roca enamorarse del agua?

La respuesta es clara…

Carta a un maltratador

Me llega por mail este relato, Fernando Orden Rueda 2º de Bachillerato, de Ciencias de la Salud. IES Bioclimático, de Badajoz. II Premio del II Concurso Nacional ‘Carta a un maltratador’, convocado por la Asociación ‘Juntos contra la violencia doméstica’
Totalmente sobrecogedor

Para ti, cabrón: Porque lo eres, porque la has humillado, porque la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido, insultado… porque la has maltratado. ¿Por qué la maltratas? Dices que es su culpa, ¿verdad? Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, bayetas, verduras… Es entonces, en medio de una discusión cuando tú, con tu ‘método de disciplina’ intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja?

Te lo diré: Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe… La acobardas, la empujas, le das patadas…, patadas que yo también sufría.

Hasta aquel último día. Eran las once de la mañana y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No había dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera follarla (hacer el amor dirías) o darle una paliza con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera. Ella seguía guapa a pesar de todo y yo me había quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa. De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. Ocurría casi cada día, pero no nos acostumbrábamos. En ocasiones ella se había preguntado: ¿y si hoy se le va la mano y me mata? La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías. Yo intentaba que ella viera cómo eres en realidad. Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos…Mas, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender.

Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta. Mamá dijo que no era el momento ni la situación, suplicó que te acostases, estarías cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared. Como siempre, al final ella terminaba cediendo. Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no, no lo permitas. De repente me oyó. ¡Esta vez sí que no!–dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había negado a nada.

Me puse contento antes de tiempo.

Porque tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla. Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla. Y lo que funciona mejor es la fuerza: puñetazo por la boca y patada por la barriga una y otra vez…

Y sucedió.

Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe, yo tropezaba contra sus paredes. Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavía porque quería vivir. Salía la sangre y yo me debilitaba. Me dolía todo y me dolía también el cuerpo de mamá. Creo que sufrí alguna rotura mientras ella caía desmayada en un charco de sangre.

Por ti nunca llegué a nacer. Nunca pude pronunciar la palabra mamá. Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mí.

Y ahora me dirijo a tí. Esta carta es para tí, cabrón: por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo. También por mí que sólo fui un feto a quien negaste el derecho a la vida.

Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra. Mamá se fue. Muy triste, pero serenamente, sin violencia, te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino. Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre ni llamarte papá. Ni saber que otros hijos felices de padres humanos señalaban al mío porque en el barrio todos sabían que tú eres un maltratador. Y como todos ellos, un hombre débil. Una alimaña. Un cabrón.

Los cuentos que me enseñaron a vivir

Seguro que de pequeños os contaban cuentos, y si no era así, vosotros mismos los leíais, ilusionados, por leer esa historia, que si la leyeses ahora le sacarías la “moraleja” rapidamente, pero que en aquella época no le diste importancia.
Ahora Jorge Bucay, nos enseña con cuentos lo que la vida nos ofrece, para que nosotros saquemos conclusiones a partir de ellos.
Porque como bien dice en uno de sus libros:
Los cuentos sirven para dormir a los niños y para despertar a los mayores
Aquí os dejo algunos de sus cuentos, espero que os gusten:

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Frases de niños

El programa de Pablo Motos ha hecho un recopilatorio de frases curiosas de niños. ¿No son realmente encantadores?

Manu Manu Dávila, 7 años
El padre de Manu le hizo una sopa para cenar y le dijo:
«Cómetelo, que está muy rico». El niño tomó dos
cucharadas y le contestó: «Papi, tú y yo tenemos gustos
distintos».

Charlie Mas, 5 años
Charlie estaba discutiendo con su madre, y ella le dijo:
«Te tienes que controlar, no puedes decir todo lo que
se te pase por la cabeza». Él le contestó: «No puedo, el
celebro me empuja».

Celia Martín, 3 años
Celia quería jugar con su primo a cuentos de princesas,
pero él no quería ser príncipe, ni caballero, ni nada,
así que ella muy enfadada le dijo: «Vale, sé tu
mismo y abúrrete».

Eloi Pascual, 5 años
A Eloi lo estaba cuidando una amiga de sus padres.
Cuando iban hacia casa, ella le preguntó: «Eloi, ¿tienes
frío?». Y él le contestó: «No tengo ni frío ni calor, estoy
del tiempo».

Y la que más gracia me hace:

Leo Mateos, 5 años
Leo, un día que estaba muy enfadado porque su madre
no le hacía caso, le dijo: «¡Yo nací de tu barriga, sé todo
lo que piensas!».

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