Una mañana se levantó y fue a buscar al amigo, al otro lado de la valla. Pero el amigo no estaba, y, cuando volvió, le dijo la madre: -El amigo se murió. -Niño, no pienses más en él y busca otros para jugar. El niño se sentó en el quicio de la puerta, con la cara entre las manos y los codos en las rodillas. «Él volverá», pensó. Porque no podía ser que allí estuviesen las canicas, el camión y la pistola de hojalata, y el reloj aquel que ya no andaba, y el amigo no viniese a buscarlos. Vino la noche, con una estrella muy grande, y el niño no quería entrar a cenar. -Entra, niño, que llega el frío -dijo la madre. Pero, en lugar de entrar, el niño se levantó del quicio y se fue en busca del amigo, con las canicas, el camión, la pistola de hojalata y el reloj que no andaba. Al llegar a la cerca, la voz del amigo no le llamó, ni le oyó en el árbol, ni en el pozo. Pasó buscándole toda la noche. Y fue una larga noche casi blanca, que le llenó de polvo el traje y los zapatos. Cuando llegó el sol, el niño, que tenía sueño y sed, estiró los brazos y pensó: «Qué tontos y pequeños son esos juguetes. Y ese reloj que no anda, no sirve para nada». Lo tiró todo al pozo, y volvió a la casa, con mucha hambre. La madre le abrió la puerta, y dijo: «Cuánto ha crecido este niño, Dios mío, cuánto ha crecido». Y le compró un traje de hombre, porque el que llevaba le venía muy corto. FIN
Impresionante debate de @anapastor_tve y Cospedal sobre la imparcialidad de TVE. Resumen: las cosas se dicen a la cara y claro, y si no, aquí tenéis un ejemplo.
Ana Rosa Quintana consiguió este viernes la confesión que la policía no había logrado. Un plató de televisión convertido en tribunal de justicia. La intrahistoria de la confesión de Isabel García en ‘El programa de Ana Rosa’ (Telecinco) pone en cuestión los límites del periodismo.
Imágenes de la esposa de Santiago del Valle durante los cortes publicitarios, que van del desfallecimiento a las súplicas inclementes porque dejen de grabarla.
Según ha podido saber este diario, miembros de la productora Cuarzo han acompañado a Isabel García día y noche durante los últimos días. Desayunos, comidas y cenas junto a ella para evitar que pudiera aparecer en el plató de otra cadena.
Coincidiendo con el último día del juicio al presunto asesino de Mari Luz Cortés, un equipo del programa se desplazaba con su mujer a un parque en la madrileña avenida de Brasilia. Dos horas de directo hicieron el resto. Isabel García se derrumbaba y confesaba el crimen de su esposo ante las preguntas que recibía del plató del programa. Objetivo logrado.
Tras el programa, el periodista Nacho Abad la llevó personalmente a la comisaría de Canillas para que repitiera su confesión ante la policía. El trabajo había acabado.
Sin embargo, las imágenes de lo que la audiencia no pudo ver de la entrevista demuestran este proteccionismo. “No sé dónde estoy, no puedo decirte donde estoy”, dice Isabel García por teléfono a una conocida ante los gestos claros de una productora del programa para que no revele el lugar. “No le digas nada”, insiste la redactora.
Hundida después de la confesión y sentada en el suelo, empieza a suplicar que apaguen las cámaras. “No quiero más cámaras, Patricia, por favor, que me quiten las cámaras”, dice sollozando, mientras la redactora trata de tranquilizarla a la vez que le pide al cámara que siga grabando.
Pese a todo, García volvió a entrar en directo en el programa por última vez, antes de que la redactora afirme: “Me la voy a llevar porque no me la va a quitar nadie. Y no va a hablar con nadie más”.
“Hay que estar con ella, constantemente, en todo momento”, insiste una de las personas del equipo mientras trata de calmarla con un “ya tengo el hotelito en Torrelodones, al lado de tu residencia”. Objetivo amortizado.