Ya sé a qué huelen las nubes, a dinero fresco. Rescato hoy la reflexión de Ana Morgade anoche en Buenafuente sobre la subida de los tipos de IVA. El aplicado a los denominados artículos de lujo pasará de un 16% a un 18%. Lo lamentable es que, al lado del alcohol o el tabaco, nuestro maravilloso Gobierno sitúa las compresas y tampones, artículos que, a diferencia de los anteriores, sí son necesarios para el desarrollo normal de la vida de una mujer. En cambio, son considerados ‘artículos de lujo’. Lo mínimo, digo yo, sería rebajar el IVA al 4%, tanto en estos productos de higiene íntima como en pañales, por ejemplo. O, ¿se puede elegir si poner el pañal o no al niño, o al abuelo?
En total, una mujer necesita unas 17.000 compresas a lo largo de su vida, y resulta que el impuesto aplicado a compresas y tampones proporciona al Estado más de 42 millones de euros anuales, y nosotras nos gastamos más de 260 millones de euros al año en comprarlos.
Acabo de leer este artículo en el blog de Berto, y me ha hecho reflexionar asi que…¡¡Cuidado chicos!! ya os avisa Berto en publico.es
Anotación de Lolimar: Cuidadito que la naturaleza es sabia!
Mycocepurus smithii”, se llaman. Se trata de un tipo de hormigas halladas en la selva amazónica que, tras renunciar al sexo, prescindir de los machos y desarrollar un sistema reproductivo basado en la clonación, ha evolucionado hacia una población formada únicamente por hembras. La comunidad científica resalta que el aspecto que les llamó la atención de dichas hormigas no fue su radical abstinencia sexual, sino su habilidad para cultivar una mayor cantidad de alimento que otras especies.
Al parecer, destacan de su sociedad algunas ventajas “indudables” como el “ahorro energético” (que esto no he sabido bien por qué se da; imagino que el coito, la gestación y el parto gastan una considerable cantidad de energía) y el incremento, hasta un 100% de la población, del número de individuos potencialmente capaces de reproducirse (aunque no se llegue a usar, ya que todos ellos son clones de la hormiga reina). También han señalado el curioso guiño que supone la coincidencia de haberse hallado en la Amazonia unos seres que remiten a las amazonas de la mitología griega, una casta de mujeres guerreras que vivían en un reino independiente ajenas a la compañía de varones.
Un mundo más eficiente, tranquilo y productivo. No cabe duda de que la naturaleza se ha dado cuenta de algo que ya sospechábamos desde hacía bastante tiempo: que el mundo funcionaría mejor sin nosotros. Y parece haber tomado cartas en el asunto. A ver cuánto tardan nuestras respectivas señoras en llegar a la misma conclusión. Pensábais que la crisis económica era nuestro problema más acuciante, ¿verdad, muchachos? ¿Qué os parece la extinción de nuestro género?
Via mail (gracias Carmen) me ha llegado este monólogo, buenisimo a mi parecer, ya que me he estado riendo sola frente al ordenador:
El gran secreto de todas las mujeres respecto a los baños es que de
niña tu mamá te llevaba al baño, te enseñaba a limpiar la tabla del
inodoro con papel higiénico y luego ponía tiras de papel
cuidadosamente en el perímetro de la taza.
Finalmente te instruía: ‘Nunca, nunca te sientes en un baño publico’
Y luego te mostraba ‘la posición’ que consiste en balancearte sobre el
inodoro en una posición de sentarse sin que tu cuerpo haga contacto
con la taza.
‘ La Posición’ es una de las primeras lecciones de vida de una niña,
súper importante y necesaria, nos ha de acompañar durante el resto de
nuestras vidas. Pero aún hoy en nuestros años adultos,’la posición’ es
dolorosamente difícil de mantener cuando tu vejiga está a punto de
reventar.
Cuando ‘tienes que ir’ a un baño público, te encuentras con una cola
de mujeres que te hace pensar que dentro está Brad Pitt. Así que pides
la vez y esperas paciente, sonriendo amablemente a las demás mujeres
que también están discretamente cruzando piernas y brazos. Es la
posición oficial de ‘me estoy meando’.
Finalmente te toca tu turno, pero siempre llega la típica mamá con ‘la
niña pequeña que no se puede aguantar más’ y aprovechan para saltarse
ambas la cola con todo el morro!. Entonces verificas cada cubículo por
debajo para ver si no hay piernas. Todos están ocupados. Finalmente
uno se abre y te lanzas casi tirando a la persona que va saliendo.
Entras y te das cuenta que el picaporte no funciona (nunca funciona);
no importa…
Cuelgas tu bolso del gancho que hay en la puerta, y si no hay gancho
(nunca hay gancho), inspeccionas la zona, el suelo esta lleno de
líquidos indefinidos y no te atreves a dejarlo ahí, así que te lo
cuelgas del cuello mientras miras como se balancea debajo tuyo, sin
contar que te desnuca la correa, porque el bolso está lleno de mierdas
que fuiste metiendo dentro – la mayoría de las cuales no usas, pero
que las tienes por si acaso – ..
Pero volviendo a la puerta… como no tenía picaporte, solo
tienes la opción de sostenerla con una mano, mientras que con la otra
de un tirón te bajas las bragas y tomas ‘la posición’… Alivio……
AAhhhhhh….por fin… Ahí es cuando tus muslos empiezan a temblar….
por que estás suspendida en el aire, con las piernas flexionadas, las
bragas cortándote la circulación de los muslos, el brazo extendido
haciendo fuerza contra la puerta y un bolso de 5 Kg. colgando de tu
cuello.
Te encantaría sentarte, pero no tuviste tiempo de limpiar la taza
ni la cubriste con papel, interiormente crees que no pasaría nada pero
la voz de tu madre retumba en tu cabeza ‘jamás te sientes en un water
público!’, así que te quedas en ‘la posición’ con el tembleque de
piernas, entonces por un fallo de cálculo en las distancias una
salpicada finíiiiiisima del chorro te salpica en tu propio culo y que
¡¡¡te moja hasta las medias!!! Tienes suerte si no te mojas tus
propios zapatos, y es que adoptar ‘la posición’ requiere una gran
concentración.
Para alejar de tu mente esa desgracia, buscas el rollo de papel
higiénico peroooo, ¡joooooder…! el rollo esta vacío…! (siempre)
Entonces suplicas al cielo que entre los 5 Kg. de trastos que llevas
en el bolso haya un miserable kleenex, pero para buscar en tu bolso
tienes que soltar la puerta, dudas un momento, pero no hay más
remedio. y en cuanto sueltas la puerta, alguien la empuja y recibes un
portazo que tienes que frenar con un movimiento rápido y brusco, sin
miramientos o todo el mundo te vera semi sentada en el aire con la
bragas por la rodilla ¡¡NO!! Entonces gritas ¡¡¡O-CU-PA-DOOOO !!!’,
mientras continúas empujando la puerta con tu mano libre, das por
hecho que todas las que esperan en el exterior han oído tu mensaje y
ya puedes soltar la puerta sin miedo, nadie intentará abrirla de
nuevo, (en eso las mujeres nos respetamos mucho) y te dispones a
buscar tu kleenex sin agobios, te gustaría usar más de uno pero sabes
lo valiosos que son en casos similares y te apañas con uno por si
acaso.
En ese preciso instante se apaga la luz automática del baño, en un
cubículo tan reducido no puede ser tan difícil encontrar el
interruptor! das la luz de nuevo con la mano del kleenex por que la
otra sigue sujetando tus bragas, vas contando los segundos que te
quedan para salir de allí, sudando por que llevas el abrigo puesto ya
que no hay perchero, y es que, hay que ver el calor que hace en esos
sitios tan pequeños y en esa posición de fuerza en la que sigues, con
los gemelos a punto de estallar.
Sin contar el cabreo que llevas por el portazo, el desnuque con la
correa del bolso, el sudor que corre por tu frente, la salpicada del
chorro en las piernas y en las medias, que todavía están mojadas… el
recuerdo de tu mamá que estaría avergonzadísima si te viera así;
porque su culo nunca tocó el asiento de un baño público, porque
francamente, ‘tu no sabes qué clase de enfermedades podrías coger
ahí’.
Pero la debacle no termina… estás exhausta, cuando te pones de pie
ya no sientes las piernas, te recolocas la ropa rápidamente y tiras de
la cadena ¡sobretodo! Si no funciona preferirías no salir jamás de ese
baño ¡qué vergüenza! entonces sales al lavamanos. Todo esta lleno de
agua así que no puedes soltar el bolso ni un segundo, lo cuelgas al
hombro, no sabes cómo funciona el grifo con los sensores automáticos
así que tocas hasta que sale un chorrito de agua fresca, y consigues
jabón, te lavas en una posición de jorobado de Notredame para que no
se resbale el bolso desde tu hombro y acabe en la pica del baño bajo
el chorro automático, el secador de aire es un trasto inútil así que
acabas secándote las manos en tus pantalones, por que no piensas
gastar otro kleenex para eso! y sales pasando junto ala línea de
mujeres que aún están esperando con las piernas cruzadas y en estos
momentos eres incapaz de sonreír cortésmente, consciente de que has
pasado ahí una eternidad.
Tendrás suerte si no sales arrastrando un trozo de papel higiénico
pegado a tu zapato del largo del río Mississippi, o peor aún, con la
falda arremangada pillada por tus medias que te subiste a la velocidad
de la luz y enseñando el culo! Lo juro, a mi me pasó y no soy la
única, me consta!
. y sales.
En este momento ves a tu chico que ha entrado, usado y salido del baño
de hombres y que tuvo tiempo de sobra para leer Guerra y Paz mientras
te esperaba. ‘¿Por qué tardas tanto?’ te pregunta irritado.
‘ Había mucha cola’ te limitas a decir.
Y esta es la razón por la que las mujeres vamos en grupo al baño, por
solidaridad, ya que una te aguanta el bolso y el abrigo, la otra te
sujeta la puerta, otra te pasa el kleenex por debajo de la puerta y
así es mucho más sencillo y rápido ya que tú solo tienes que
concentrarte en mantener ‘la posición’. y la dignidad.
Esto esta dedicado a las mujeres de todas partes que han tenido que
usar un baño público.
Via mail, gracias a Diana, me llega este buenísimo “monologo”, espero que os encante tanto como a mi…
Las mujeres somos víctimas de un complot urdido por mentes perversas que se reúnen en un lugar secreto y deciden lo que ellos llaman ‘tendencias de moda’. ¿Quiénes son? ¿Cómo lo hacen? Yo me imagino que llega Paco Rabanne y dice:
- ‘Veo que este año se va a llevar el azul petróleo’.Y saltan a dúo
Victorio y Lucchino:
- ‘Eso, eso. Y los jerséis sin mangas, pero de cuello alto, ¡y que se jodan!’.
¡Y date por jodida! Porque la moda no es una industria. ¡Es una secta dirigida por maricones! Y de esos seres que nos odian ¿qué podemos esperar?… Si nos hacen ir con estos pantalones que se abrochan en la rabadilla y nos hacen creer que vamos bien (Creo que lo hacen para que luzcamos esos ridículos tangas que tanto molestan). O con esos otros pantalones de pata larga que van limpiando las aceras.
¿Ustedes saben lo que son las fashion victims? Son las mujeres que han caído en sus redes y ya no pueden escapar. Esas que cuando se acercan a un escaparate, oyen voces en su cabeza: ‘El poder de la moda te obliga’, ‘el poder de Dior te gobierna’.
Realmente, yo me dí cuenta del poder que tiene esta secta cuando intenté comprarme un vestido rojo. Parece fácil, ¿verdad? Un vestido rojo. Pues no.¡Porque las tiendas están en el ajo! Son las representantes de Dior en la tierra. Y, claro, llego yo, y le digo a la dependienta:
- Buscaba un vestido rojo.
Y me suelta:
- ¿Rojo? Este año no viene nada en rojo. Este año viene el azul petróleo.
- ¿Y eso rojo de ahí?
- Eso es la funda del extintor, pero si quieres te la saco.
¡Así es como empiezan las sectas: anulando tu voluntad! Porque, de repente, me veo diciendo:
- Vale, sácame uno azul petróleo de la 38.
Y, en ese momento, la dependienta me mira como se mira un Fiat Panda desde un todoterreno:
- ¿La 38? Tú estarás entre la 40 y la 42.
Claro, yo la miré a ella como diciendo: ‘Y tu estarás entre gilipollas y tonta del culo’
Pero le dije:
- Perdona, yo soy una 38.
- No, si ya. Pero es que este año viene la 38 ceñida, ¿sabes?
Y es que ese es el segundo paso de la estrategia de la secta. Disminuir tu autoestima para poder dominarte mejor. Ahí, yo dije:
- Con esto no me pillan. ¡Yo me pruebo la 38 aunque me la tenga que meter a rosca!
Y, claro, te miras al espejo y ves lo que ves. Una morcilla. Una morcilla azul petróleo.
Y digo yo: si en todo el mundo un metro es un metro y un kilo es un kilo, ¿por que la talla 38 no es siempre la talla 38? Tú vas al Carrefour y la talla 38 se la puede poner King África y, sin embargo, te vas a Versace y la 38 no se la pone ni Melody.
Total, que hice lo que hacemos todas: llevármelo. Si, porque pensé lo que pensamos todas: ‘Así me obligo a adelgazar’. ‘Me obligo a adelgazar.’
¿Seremos idiotas? A las dos semanas te estás obligando a regalárselo a tu sobrina. ¡Es como comprarte unos zapatos del 34 para obligarte a que te encoja el pie!
Pero es que ese es otro de los síntomas de que estás entrando en la secta:
someterte voluntariamente al sufrimiento físico. Aunque, a veces, cuando todavía no estás abducida del todo, consigues tener un momento de lucidez y decir: ‘No, no me lo llevo’. Y, entonces, esa enviada del mal que es la dependienta te dice la frase definitiva:
- Llévatelo, no seas boba, ¡que lo puedes devolver!
¡Y lo compramos! Como lo puedes devolver… Eso es como comerte un trozo de moqueta: ¡como lo puedes devolver!
Así que volví a casa con mi vestido azul petróleo de la 38. Me lo pongo y le pregunto a mi marido:
- ¿Como me queda?
- Pequeño.
- ¿Si? ¿Me marca mucho?
- Te va a hacer llagas.
Ahí me dije: ‘Tere, modérate. Esta es otra prueba. La secta de la moda quiere que rompas lazos con tu entorno’. ‘¡No, no van a poder conmigo!’.
Me lancé a la calle y no paré hasta que encontré el único vestido rojo que quedaba en toda la ciudad. Cuando lo vi, dije: ‘¡Me lo compro! ¡Que le den a Paco Rabanne Y que Victorio le dé a Lucchino.¡Ja! Y salí de la tienda triunfante, con mi vestido rojo. Pero la alegría me duró dos escaparates.
Es algo que nos pasa a todas las mujeres. De repente, se te viene el mundo encima: ‘Coño, ¿y qué hago yo con un vestido rojo, si este año lo que se lleva es el azul petróleo?’ Oye, que no pude pegar ojo en toda la noche.
Tuve unas pesadillas… Estaba yo en una misa negra, atada de pies y manos, y los grandes gurús de la moda, rodeándome como en Poltergeist: ‘Tereee. Veeen hacia el glamouuuuur.’
Total, que me desperté, empapada en sudor y dije: ‘¡Vale, esta bien! ¡Me rindo!’ Me unté entera con vaselina para que me entrara el traje, y me presenté en la boda de mi amiga Jessi, vestida de azul petróleo.
Cuando llegué a la iglesia me encontré con que íbamos todas iguales…Allí había más azul petróleo que en una playa del golfo Pérsico. Ahí te das cuenta de que te han captado, has entrado en la secta, y a partir de ese momento honrarás a Victorio y a Lucchino, no nombrarás a Chanel en vano y amarás a Dior sobre todas las cosas.
PD.¿Alguién me puede explicar que coño es el color ‘azul petróleo’?? Tarde siglos en comprender que las cosas pueden ser de color buganvilla, no me jodais ahora con el petróleo, por favor!! El petróleo es negro como los cojones de un grillo!! (y perdón por la expresión…)