Puedes evitar que tus descendientes tengan cancer

Si, si , como has leido. Estudios demuestran que comiendo según que alimentos, con unas proteinas en concreto, la epigenética ha demostrado científicamente lo que hasta ahora era sólo una intuición: la dieta es capaz de modular nuestro ADN. De inhibir los factores que inciden en el desarrollo de un tumor y potenciar los que lo frenan. El cáncer no es un destino.

Por supuesto, los cánceres no se desarrollan de la noche a la mañana y sabemos que existen factores genéticos que predisponen más o menos a la enfermedad. Sin embargo, también en esto tenemos buenas noticias. La nueva ciencia de la epigenética demuestra que el cáncer no es un destino: podemos actuar –con la dieta y el estilo de vida– para prevenirlo, incluso con genes insidiosos que nos predisponen a desarrollarlo. Hasta podríamos prevenir la enfermedad en nuestros hijos y nietos. Randy Jirtle, oncólogo de la Universidad Duke (Carolina del Norte), fue el primero en descodificar los mecanismos que explican la relación. Él y su equipo estudiaron los efectos de la alimentación en dos grupos de ratones genéticamente idénticos. Alimentaron a un grupo de hembras preñadas con una dieta normal y a otro, de hembras también preñadas, con la misma dieta, pero con un cóctel de vitamina B12, ácido fólico, colina y betaína adicional. Los ratones nacidos de las madres que tomaron esta segunda dieta vieron reducida la expresión de un gen que causa cáncer, obesidad y diabetes.

¿Quiere empezar a prevenir su riesgo de padecer cáncer ya mismo? Pásese definitivamente al aceite de oliva virgen. En un estudio publicado este mismo mes en el The Faseb Journal –una de las revistas de biología más prestigiosas del mundo–, científicos de cinco países europeos, entre ellos España, han visto que cuando los voluntarios alemanes, daneses y finlandeses (no consumidores de aceite de oliva) tomaban apenas 25 centilitros diarios de dicho aceite durante un mes, sus niveles en orina de sustancias precursoras de cáncer –más altos que los de los españoles y los italianos al inicio– se reducían de forma significativa en todos ellos. Según los investigadores, «el aceite de oliva podría explicar en parte la gran diferencia en las tasas de cánceres entre los países del norte y del sur de Europa (más altas en los primeros). Sin duda, nuestro estudio refuerza la idea de la relación entre dieta y riesgo de desarrollar tumores».

¿Qué elementos de la dieta de los países con bajas tasas de cáncer han demostrado eficacia en la prevención de tumores? Los estudios apuntan una y otra vez a las plantas y a los alimentos de origen vegetal. «Los vegetales son un complejísimo paquete de cientos de sustancias que apenas estamos empezando a conocer –los llamados `fitoquímicos´, que desarrollaron durante millones de años de evolución para protegerse de la radiación, las plagas y otras amenazas del entorno– y cuya capacidad sinérgica para alterar los mecanismos que conducen al cáncer vemos con creciente claridad gracias a técnicas cada vez más avanzadas», señala el doctor Walter Willett, profesor de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, uno de los científicos más citados del mundo en temas de nutrición.

Hoy, uno de los nutrientes que se alzan con fuerza es el ácido fólico o folato (vitamina del grupo B que ahora se recomienda a las embarazadas para prevenir la espina bífica en el bebé), del que estudios epidemiológicos ya indicaban capacidad antitumoral. La noticia es que, por primera vez y gracias a los nuevos métodos de estudio, los científicos pueden explicar los mecanismos que hacen que las dietas pobres en folato (presente en verduras de hoja verde, naranjas y legumbres) aumenten el riesgo de cáncer de colon. En una investigación con ratones recién publicada en Cancer Research Today, investigadores de la Universidad McGill (Canadá) explican cómo ninguno de los animales a los que dieron dietas ricas en folato desarrollaba cáncer de colon, mientras que uno de cada cuatro adscritos a dietas deficitarias en folato desarrollaba un tumor. Los expertos no se pararon ahí y estudiaron la relación con técnicas de biología molecular. Así comprobaron que bajos niveles de folato se correspondían con un aumento de daños en el ADN, un proceso asociado al desarrollo de tumores. Todavía más: el déficit de folato hacía que genes que normalmente actúan en respuesta a daños al ADN se comportaran de forma anómala, lo que añadía más bazas al riesgo.

Mientras, pioneros de todo el mundo siguen invirtiendo su tiempo, y a veces su dinero, para investigar alternativas nuevas, desvinculadas del beneficio económico. Sin duda, estamos ante la punta de un iceberg de consecuencias imprevisibles. La reflexión final es que ya no podremos decir impunemente «puedo comer como quiera, porque sólo me afecta a mí». La ciencia empieza a descubrir que nuestras decisiones no sólo nos afectan a nosotros, sino que pueden ser un legado –positivo o negativo– para nuestros descendientes.

Fuente: www.xlsemanal.com

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